
Yo, he decidido que Spe salvi sea mi golpecito en el espalda durante este mes de diciembre y las fiestas navideñas así que...¡voy a leerla ya!
Entre algunos de sus “halagos” podemos leer: “[La Iglesia] no acostumbra a pedir perdón por su pasado reciente, el que cuelga en los muros de iglesias y catedrales el yugo y las flechas junto al recuerdo de los muertos de un solo bando”. Ya hemos hablado de esto y creo que no merece un mayor comentario. La Iglesia se equivocó al apoyar a Franco, pero, ¿por qué llamar fascistas a los mártires? Porque, evidentemente, ese “recuerdo de los muertos de un solo bando” les sirve para meter la puya respecto a las beatificaciones del pasado octubre. En fin, ya escribí en su día sobre ello, así que, pasemos página. O mejor, démosle con ella en la cara a los majetes de Público.
La Iglesia, señores, sí suele pedir perdón. Juan Pablo II fue el Papa que más veces pidió perdón por los daños que la Iglesia pudo haber causado a la sociedad. Pidió perdón por las guerras de los cruzados en oriente; pidió perdón por las muertes injustas y sin razón a manos el tribunal inquisidor; pidió perdón por las múltiples y falsas guerras en nombre de Dios; pidió perdón por el exceso de poder y la opresión que han sufrido los pobres por parte de una jerarquía anticuada y abusadora…Sí, pidió perdón. Sólo hay que echar un ojo a algunas de sus encíclicas o múltiples homilías.
Es más, la Conferencia Episcopal también se ha disculpado. En 1999 salió a luz un documento titulado La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX, donde se unía el pasado con el presente, se daba gracias a Dios por los dones recibidos y se reconocían los pecados de la Iglesia. Además, Blázquez, en sintonía con Juan Pablo II, quiso recordar, en su reciente discurso, que “pedir perdón y reorientarnos implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda”. Y añadió: “Deseamos pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran en uno u otro lado de los frentes trazados por la guerra”.
Pero no es suficiente: “Perdón con la boca pequeña”, añaden en un ladillo. No, claro que no, nunca es suficiente cuando los argumentos en contra se acaban, cuando un jefe mete presión y la noticia debe salir con un buen titular a la cabeza. En esa situación, se tira de donde sea: “Ricardo Blázquez no se despegó de un discurso que, como todos los suyos, huye del ruido de los grandes titulares, pero supo desempolvar palabras que hasta ahora permanecían enterradas en el diccionario de los obispos. De esta manera, el presidente de la Conferencia Episcopal también recordó a quienes no lucharon en el bando bendecido por la Iglesia”.
Si algún fallo tienen los medios cuya línea editorial es de izquierdas, es el de pecar de imprudentes respecto al tratamiento de las noticias eclesiales. No se paran, no leen, no analizan, simplemente lo sueltan y ya está. Me estoy imaginado una conversación entre el jefe de un periódico y alguno de sus redactores:
Redactor: -Tenemos un buen titular, jefe, que, además, jode a la Iglesia.
Jefe: -Buff, me encanta. Ya estás quitando el que teníamos en portada, te buscas una foto del Blázquez ese y me lo colocas a 5 columnas, ¿eh? ¡Y rapidito que hay que darles caña a esos purpurados!
Ahora, fuera de bromas, es evidente que cada medio de comunicación tira para su lado. En el panorama de la información nacional no se salva ni el gato. TODOS están vendidos y atados a alguna empresa que les dicta por donde tienen que andar sus informaciones. Pero, aun partiendo de esa desoladora base de la que todos somos conscientes, lo que me parece aún más triste es el herir por herir, alimentar el odio y animadversión contra la Iglesia a partir de unos clichés históricos a los que se les da bombo y bombo hasta reventar.
Evidentemente, estas publicaciones saben a quien van dirigidas, tienen un target muy concreto y una audiencia fiel predispuesta a la crispación y a dejarse provocar. Lo que no saben, medios como Público, es que, los cristianos del S.XXI que nos acercamos a sus páginas y leemos esas cosas, estamos empezando a inmunizarnos, pronto dejarán de afectarnos y pasaremos de largo. De momento, nos sentimos como cuando nos sentábamos en el sofá las calurosas tardes de agosto y cambiábamos de canal porque en la primera estaban echando de nuevo “Verano azul”. O sea, estamos muy cansados de leer siempre lo mismo, siempre la vuelta a la misma tuerca, siempre los mismos y pesados argumentos en contra de la Iglesia. Por favor: ¡Renuévense!
Es cierto, Jesús supo “reinar” pero, lo hizo desde su Cruz, y acompañado por dos ladrones. Los gobernantes de hoy en día siguen sabiendo mucho de ladrones (sólo que son más de dos los que pululan por ahí), pero, por desgracia, de cruz, de sufrimiento y de redención, de eso, saben bien poco. Su corona, fue de espinas y su trono un madero. No necesitó que un conglomerado de empresas mediáticas estuviese a sus pies para difundir su mensaje. A su Verdad, plena, le hizo falta ningún SMS en el que se dijera “pásalo”. Desde el momento que en el que lo clavaron, todos supieron que su legado sería eterno.
No sé si Jesús sería partidario de una III República o de una Monarquía Constitucional. Lo único cierto es que este domingo 25 de noviembre todos los cristianos hemos vitoreado, cual Domingo de Ramos, que Cristo es nuestro Rey, es el Rey del Universo. Monárquicos o republicanos, da lo mismo, aquí, sólo quisiera reflejar la humildad, el amor y el perdón que derrocha Jesús como ejemplo para todos los que nos consideramos, cristianos y para más de un servidor del bien común…
En la palestra cotidiana hasta el más “pintao” procuraría bajarse de la cruz en los momentos difíciles y salvar su pellejo: “¡yo a lo mío y que se las apañen los demás!” La pobreza ideológica e intelectual influye, con el miedo, sobre la valentía que ha de demostrar el creyente que se siente llamado a imitar la vida de Jesús y a dar ejemplo. Y, aunque es cierto que muchos prelados de boquilla o cristianos de misa semanal, no dan la talla para ponerse como modelos; eso no se puede convertir en una excusa para huir y no fijarse en nuestros rasgos comunes esenciales: humildad, sencillez, sacrificio, amor y perdón.
Él es Rey, pero su reino no es de este mundo. Él no nos va a increpar el famoso “por qué no te callas”, ni mucho menos, ni siquiera se va a imponer. Pero, ojo, tampoco es mudo. Con su vida y obra nos deja entrever la cara al “Reino de Dios”, los Evangelios nos proponen (no nos imponen) un estilo de vida con un nivel de exigencia máximo. Nos asoman al precipicio, nos avisan de que la caída puede ser dolorosa, pero, aun así, nos invitan a saltar sin miedo. Cristo saltó, sin paracaídas, descendió hasta la humillación suprema para, luego, ser enaltecido para siempre por su Padre. Sin la humillación, sin el sentido del sacrificio en la Cruz, no se puede comprender su Reino. Es por eso, que si la palabra Rey implica monarquía, desde hoy 25 de noviembre y sólo por Ti, Cristo Rey, cuentas un monárquico acérrimo.
¿Qué pasa cuando la tecnología y la Fe se cruzan? Para algunos, estos dos términos están tan alejados, el uno del otro, como pobreza y Bill Gates. Sin embargo, sólo se trata de una primera impresión. Los sentidos nos suelen engañar. Lo que vemos, palpamos u oímos ayuda a crear nuestra primera impresión. Pero, si nos encerramos y confiamos en que todo es tal y como lo percibimos la primera vez, posiblemente no lleguemos muy lejos. Más vale pecar de curioso y pesado que de inmovilista y desinteresado.
Es por ello, que hay rasgar con la uña hasta romper la primera capa, hay que profundizar para conocer los cambios sociales y las necesidades que, en cada momento, necesitan las personas que conforman las comunidades. A la Fe le pasa absolutamente lo mismo que a las primeras impresiones. Son muchos los que han oído hablar de ella y son muchos más, aun, los que tienen impresiones y opiniones sobre ella. Sin embargo, ¿cuántos son los privilegiados que profundizan en su Fe? ¿A cuántos les interesa? ¿No es mejor seguir con mi opinión hasta el final del camino sin importar que ésta sea errónea?
Estamos en el siglo XXI, poco a poco vamos siendo conscientes, las evidencias de ello marcan nuestro devenir diario. La Iglesia, también ha caído en la cuenta. La modernidad tecnológica, lejos de ser un enemigo al que derrotar, se ha convertido en un aliado al que apoyar a la hora de proclamar la verdad y la Palabra de Dios. Ya lo dijo Pablo VI en su encíclica sobre los medios de comunicación “Inter Mirifica” (entre lo maravilloso), publicada el 4 de diciembre de 1963, y de la que me permito citar un fragmento:
1. Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en estos tiempos, el ingenio humano, con la ayuda de Dios, ha extraído de las cosas creadas, la madre Iglesia acoge y fomenta con especial solicitud aquellos que atañen especialmente al espíritu humano y que han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas de todo tipo. Entre tales inventos sobresalen aquellos instrumentos que, por su naturaleza, pueden llegar no sólo a los individuos, sino también a las multitudes y a toda la sociedad humana, como son la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros similares que, por ello mismo, pueden ser llamados con razón medios de comunicación social.
Por lo tanto, ¿debe o no la Iglesia, valerse de los medios de comunicación y de las tecnologías en general para hacer llegar su Palabra a un mayor número de personas? En mi opinión, y quizás esté siendo un poco radical, no hay lugar para el debate, la respuesta es SÍ. La iglesia, a la que siempre se la acusa de inmovilista, carca y añeja, debe utilizar todos los medios que tenga a su alcance para hacerse oír y para gritar a los cuatro vientos (por mucho que le moleste a Nietzsche) que Dios no ha muerto.
“El conocimiento os hará libres”, decía Jesús. Antiguamente el conocimiento se guardaba en las bibliotecas de los monasterios pero ya no. Hoy, todos tenemos acceso a él. Nunca fue tan fácil conseguir información como en la actualidad. Los medios de comunicación son la plataforma más rápida y de mayor difusión a la hora de conocer de cerca la realidad social que nos circunda.
La Iglesia española quiere ser un poco más libre de lo que lo es ahora. Está dispuesta a escapar de las numerosas críticas a las que se enfrenta cada día debido al dinero que dedicaba el Estado a su financiación. A partir de ahora, su financiación se limitará a los fondos fiscales recaudados del IRPF (voluntariamente donados por los contribuyentes) y a las donaciones directas de todos sus miembros. Y ya que, como hemos dicho, no hay libertad sin conocimiento, esta vez la Iglesia está dispuesta a renovarse, hacer caso a Pablo VI y usar los mass media para conseguir que se conozca su propósito.
El resultado, lo tenemos actualmente a golpe de mando a distancia. No hay más que encender el televisor y esperar a que en algún bloque publicitario llegue el deseado mensaje. Los objetivos de anuncio son dos y quedan muy claros: en primer lugar, hacer que los cristianos, además de celebrar bautizos, bodas y comuniones, también aporten su grano de arena marcando el cuadro destinado a la Iglesia, al hacer la declaración de la renta. En segundo lugar, y tan importante como el primer objetivo, se pretende mostrar algunas de las aportaciones con las que la Iglesia ayuda a nuestra sociedad. Su contribución en países subdesarrollados, la manutención de orfanatos, la integración social con los discapacitados, le reinserción de presos, el trabajo de los misioneros…entre otros.
Sin dejar de lado uno de los más importantes y el fin último de su existencia: la proclamación de la Buena Noticia y el apoyo espiritual de sus seguidores. Y es que, igual que Jesucristo sin su origen divino sólo sería un hombre bueno, la Iglesia sin la Palabra de Dios y su difusión sería solamente una ONG más. Así que ¿por qué no usar la tecnología a favor de la expasión de la Fe? Si es que, ya lo decía al principio, hay que rasgar un poquito, así que el que se muerda las uñas: ¡que vaya dejando el vicio!
Si por algún causal no has visto los anuncios, no te preocupes, pulsa el play y disfruta:
¿Por qué varia cada año la fecha del Carnaval? ¡Porque depende de la Sémana Santa! Para saber la fecha exacta de la fiesta sólo tienes que restar cuarenta días desde el Domingo de Ramos. Ese día, Miércoles de Ceniza, indica el ecuador del Carnaval. Como calcularlo mentalmente da pereza, ahí tenéis las fechas hasta el 2015:
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